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Las técnicas psiquiátricas de Milton H. Erickson
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Esta obra es el resultado de los encuentros que Jay Haley mantuvo con Milton H. Erickson a lo largo de diecisiete años. Aunque la mayor parte del texto le pertenece, el material de casos proviene de los escritos de Erickson y de registros magnetofónicos de las conversaciones sostenidas entre ambos. Interesado en estudiar las técnicas de terapia de corto plazo, Haley centró su trabajo de investigación en los aspectos comunicacionales de la relación hipnótica y en el particular estilo de terapia de Erickson —que unas veces incluía hipnosis y otras no—, descubriendo que su enfoque resultaba particularmente esclarecedor en el ámbito terapéutico familiar. Era posible ubicar su terapia en el contexto de la teoría de la familia pues su trabajo llevaba implícita una orientación de este tipo, concibiendo a la familia como centro de los conflictos humanos, concomitantes inevitables del desarrollo. Si bien la selección de casos representa una parte de la vasta cantidad de datos disponibles en la obra de Erickson, este trabajo es un valioso retrato de su terapia, una descripción de su enfoque terapéutico. Al mismo tiempo, una colección de relatos clínicos como la que aquí se ofrece permite abarcar en forma sintética una gran cantidad de técnicas para enfocar muy diversos problemas humanos, presentando los incidentes cruciales en la terapia. JAY HALEY, pionero de la terapia familiar, es autor además de Terapia para resolver problemas , Trastornos de la emancipación juvenil y terapia familiar y Terapia de ordalía , y coautor, con Lynn Hoffman, de Técnicas de terapia familiar.
Jay Haley
Las técnicas psiquiátricas de Milton H. Erickson
Dedico este libro a la señora Elizabeth Erickson
[1] La terapia estratégica no es una doctrina o teoría particular, sino que abarca varias modalidades de terapia cuyo común denominador es que el terapeuta asume la responsabilidad de influir directamente en la gente, es el iniciador de lo que ocurre en la sesión y elabora un método particular para cada problema. Su tarea consiste en identificar problemas solubles , fijar metas con respecto a ellos, diseñar intervenciones que apunten a dichas metas, examinar las respuestas a fin de corregirse y evaluar el resultado de la terapia para ver si ha sido eficaz. Durante la primera mitad de este siglo se enseñó a los psicoterapeutas a evitar la planificación o el inicio de lo que ocurriría en el tratamiento. Bajo la influencia del psicoanálisis, la terapia rogeriana y las teorías psicodinámicas en general, se adoptó la idea de que la persona que busca ayuda es la que debe determinar el decurso de la sesión. Se esperaba del clínico que se sentara pasivamente y que sólo interpretara o devolviera al paciente lo que este decía o hacía: cualquier otro proceder era tildado de «manipulativo». Este método pasivo hizo que se perdieran muchas de las estrategias eficaces desarrolladas en el curso del siglo. Milton H. Erickson es conocido desde hace largo tiempo como el más importante especialista mundial en hipnosis médica; dedicó su vida al estudio experimental y el uso terapéutico de la hipnosis, aportándole a la vez una expansión conceptual que la hizo trascender los límites de un ritual para convertirla en un estilo especial de comunicación. Menos difundido es su enfoque estratégico de la terapia, con o sin el empleo formal de la hipnosis. Tal enfoque puede concebirse como una extensión lógica de la técnica hipnótica. Esta fomenta la habilidad para observar a las personas y sus complejos modos de interacción, para motivarlas de manera que sigan directivas y para influir en ellas mediante las palabras, la entonación de la voz y los movimientos del cuerpo. También alienta la concepción de que la gente es modificable y el espacio y el tiempo personal son maleables, y suministra ideas concretas acerca de cómo dirigir a otro individuo para que se vuelva más autónomo. La mayor parte de la gente, incluyendo a muchos profesionales de la salud mental, piensa que la hipnosis es una situación diferente y ajena a otras situaciones de la vida. Se tiene la idea de que es un ritual estereotipado que incluye el dormir. Esto dificulta ver qué relación puede tener con una terapia en la que se entrevista, incluso, a todo un grupo familiar. Como se la utiliza en este libro, la palabra «hipnosis» no alude a un ritual sino a un
Este libro constituye una forma de colaboración poco habitual. Mi contribución ha sido escribirlo y elaborar un marco de pensamiento acerca de la naturaleza de los dilemas humanos. El aporte de Milton H. Erickson ha sido su influencia sobre mi concepción de ese marco, y la variedad de brillantes técnicas terapéuticas que aquí se exponen. Aunque la mayor parte del texto me pertenece, el material de casos proviene de los escritos del doctor Erickson y de registros magnetofónicos de nuestras conversaciones. En realidad, esta obra es el producto de mis encuentros con Erickson a lo largo de los últimos diecisiete años. En enero de 1953 se me presentó una rara oportunidad: Gregory Bateson me empleó para trabajar en su proyecto de investigación sobre la comunicación. También se nos unió John Weakland, y Bateson nos dio plena libertad para investigar lo que quisiéramos siempre que se relacionara de algún modo con las paradojas que surgen en el proceso de comunicación. Ese mismo año el doctor Erickson pasó por donde estábamos trabajando, y dio un seminario de fin de semana sobre hipnosis. Dije que me gustaría asistir, y Bateson hizo los correspondientes arreglos. Él había conocido a Erickson en otra etapa de su vida, cuando lo consultó —junto con Margaret Mead— acerca de unos episodios de trance que habían filmado en Bali. Después de ese seminario, mi trabajo de investigación incluyó los aspectos comunicacionales de la relación hipnótica. John Weakland se sumó a la empresa, y comenzamos a visitar regularmente Phoenix, donde Erickson ejercía en forma privada. Pasamos muchas horas hablando con él sobre la índole de la hipnosis y observando su trabajo con pacientes. Además de viajar varias veces al mes a diferentes lugares del país para enseñar y atender consultas, tenía mucho trabajo en su consultorio. Era un hombre vigoroso y saludable, pese a que había sufrido dos ataques de poliomielitis y caminaba torpemente y con la ayuda de un bastón. Atendía en una pequeña habitación contigua al comedor de su casa, y la sala de estar funcionaba como sala de espera. En la década de 1950, varios de sus ocho hijos todavía eran pequeños y vivían en la casa, de manera que los pacientes alternaban con la familia. La suya era una modesta casa de ladrillos a la vista ubicada sobre una calle tranquila, y muchas veces me pregunté qué pensarían esos pacientes que acudían de distintas partes del país y seguramente suponían que un psiquiatra tan importante tendría un consultorio más pretencioso. Después de estudiar durante un tiempo las técnicas hipnóticas del doctor Erickson, nuestro interés se desplazó hacia su estilo de terapia. A mediados de la década de 1950 inicié la práctica privada de la psicoterapia, y me especialicé en tratamientos breves. Mi tarea consistía en lograr que el enfermo superara su problema lo más rápidamente posible, por lo habitual mediante el empleo de la hipnosis. Pronto me di cuenta de que no bastaba hipnotizar a la gente para que se curara; yo tenía que hacer algo que produjera un cambio.
Busqué alguien con quien asesorarme sobre métodos de tratamiento breve, pero no encontré a nadie; en esos días prevalecía la terapia de insight , a largo plazo. Don D. Jackson había estado supervisando nuestro trabajo terapéutico con esquizofrénicos —en el marco de nuestro proyecto de investigación—, y podía serme útil, pero su experiencia en materia de terapia breve era limitada. Al seguir buscando quien me aconsejara, encontré que sólo conocía a una persona con experiencia específica en terapia de corto plazo: el doctor Erickson. En nuestras charlas sobre hipnosis había descubierto que Erickson poseía un estilo especial de terapia, que a veces incluía hipnosis y a veces no. Empecé a visitarlo para analizar problemas relativos a los casos que yo estaba tratando. Pronto se me hizo evidente que su estilo terapéutico era realmente original y que nunca había sido objeto de una adecuada presentación. Intenté describir su enfoque en un artículo sobre terapia breve, que posteriormente pasó a ser un capítulo de Strategies of Psychotherapy [2]. Durante años me tentó la idea de presentar más acabadamente su enfoque, en forma de libro. Vacilé debido al esfuerzo formidable que ello requería, y también porque carecía de un marca teórico adecuado para conceptualizar y exponer sus métodos terapéuticos. Por esa época nuestro proyecto de investigación versaba sobre distintas formas de terapia, y estábamos filmando y registrando en cinta magnetofónica a diferentes profesionales. Pero el doctor Erickson era una escuela única en sí mismo, y las categorías psiquiátricas y psicológicas habituales no servían para describirlo. Durante este período hubo una revolución en el campo terapéutico, al introducirse la idea de la orientación familiar. Lo que alguna vez se llamó síntoma o problema individual comenzó a ser redefinido como un producto de las relaciones interpersonales. A medida que nuestra investigación exploraba el flamante campo de la terapia familiar y yo comenzaba a tratar parejas y familias, fui descubriendo que el enfoque de Erickson resultaba particularmente esclarecedor. Al parecer, era posible ubicar su terapia en el contexto de la teoría de la familia. Su trabajo llevaba implícita una orientación de este tipo, y las conversaciones con él, junto con el examen de sus casos, me ayudaron a ver a la familia desde una nueva perspectiva, concibiéndola como un centro de los dilemas humanos. Empecé a pensar que estos dilemas eran un concomitante inevitable del desarrollo de cada familia, y comprendí que la terapia del doctor Erickson se basaba en gran medida en este supuesto. Había encontrado el marco de referencia para describir su trabajo. Si el lector no está familiarizado con Erickson y después de conocer algunos de estos casos extraordinarios quiere saber algo más sobre él, encontrará información bibliográfica en la introducción a Advanced Techniques of Hypnosis and Therapy [3]^ —una compilación de artículos suyos—; además, hallará en el apéndice de ese libro un análisis general de su obra. Quienes deseen ir más allá pueden consultar en ese mismo libro la bibliografía completa de sus escritos. Pero aquí pueden ser útiles unas pocas palabras sobre los antecedentes profesionales del doctor Erickson. Estudió en la Universidad de Wisconsin y recibió su título médico en el Colorado General Hospital, obteniendo simultáneamente la licenciatura en psicología. Después de especializarse en el Colorado Psychopathic Hospital, ingresó como psiquiatra en el Rhode Island State Hospital. En 1930 se incorporó al elenco del Worcester State Hospital, en Massachusetts; allí fue jefe del servicio de investigación. Cuatro años después pasó a Eloise, Michigan, como director de investigación y formación psiquiátricas en el Wayne County General Hospital and Infirmary. También actuó en la
desarrollen los recursos tecnológicos para presentar el encuentro terapéutico, creo que el informe del terapeuta siempre tendrá cabida. En mi descripción del trabajo de distintos terapeutas utilicé registros magnetofónicos, videocintas y filmes, pero también recurrí a los comentarios del terapeuta sobre esos registros y a discusiones sobre la teoría. El examen de un caso, en el cual el terapeuta describe cómo vio el problema y qué hizo en relación con él, seguirá siendo una vía valiosa para comprender su enfoque. Una colección de casos como la que aquí se ofrece permite abarcar en forma sintética una vasta cantidad de técnicas para enfocar muy diversos problemas humanos. Cada caso se analiza brevemente a fin de ilustrar unos pocos puntos, si bien cualquiera de ellos podría constituir un libro por sí mismo si se lo presentara en forma más completa. Debido a esta simplificación de intercambios muy complejos, lo que el libro ofrece son, en realidad, anécdotas de casos; los resúmenes están destinados a presentar los incidentes cruciales en la terapia. Por lo general, el doctor Erickson describe su enfoque con notable claridad, agregando ocasionalmente un toque dramático —ya que él tiende a ver el mundo de esa manera—. A menudo le gusta presentar el problema que hubo de enfrentar como si fuera insoluble, para después revelar la solución. Cuando se llega a captar su punto de vista, sus intervenciones terapéuticas parecen tan razonables que, de no haber sido ya efectuadas por él, se diría que alguien debería efectuarlas. Yo, al igual que otra gente, he probado sus métodos durante años, y son eficaces. Es posible adaptar su enfoque al estilo personal de cada uno. La característica de Erickson es que se involucra intensamente con cada persona, y el paciente que recibe toda su atención experimenta el impacto de su personalidad. Pero otros terapeutas, con diferentes personalidades y menor involucración afectiva, pueden usar muchas de sus técnicas. Este libro es el resultado de la ayuda de gran cantidad de gente a lo largo de muchos años. Las ideas sobre la terapia provienen de muchos terapeutas, cuya forma de trabajar estudié durante las últimas dos décadas. Por supuesto, aprecio en especial la buena disposición del doctor Erickson al permitirme exponer su labor. Paciente y diligentemente compartió su tiempo y sus ideas con John Weakland y conmigo, cuando ambos procurábamos formarnos en este campo. A Weakland, con quien pasamos juntos varios años interesados en la hipnosis y la terapia, le debo muchas de las ideas sobre la obra de Erickson. Gregory Bateson no se limitó a aportar ideas, sino que también incluyó la investigación dentro de su amplio proyecto sobre comunicación. En las últimas etapas de la elaboración del manuscrito, las conversaciones con Braulio Montalvo me fueron muy útiles para aclarar muchos conceptos.
Una terapia puede considerarse estratégica si el clínico inicia lo que ocurre durante ella y diseña un enfoque particular para cada problema. Cuando se encuentran un terapeuta y una persona con un problema, la acción que tiene lugar está determinada por ambos, pero en la terapia estratégica la iniciativa corresponde en gran medida al terapeuta. Este debe identificar problemas solubles, fijar metas, diseñar intervenciones para alcanzarlas, examinar las respuestas que recibe para corregir su enfoque y, por último, evaluar el resultado de la terapia para ver si ha sido eficaz. El terapeuta ha de ser muy sensible hacia el paciente y su medio social, pero la forma en que proceda debe ser determinada por él mismo. Durante la primera mitad de este siglo se enseñó a los clínicos a evitar la planificación o el inicio de lo que había de ocurrir en la terapia, y a esperar que el paciente dijera o hiciera algo. Sólo entonces podía actuar el terapeuta. Bajo la influencia del psicoanálisis, la terapia rogeriana y la terapia psicodinámica en general, se desarrolló la idea de que la persona que no sabe qué hacer y está buscando ayuda es la que debe determinar lo que ocurre en la sesión terapéutica. Se esperaba del clínico que se sentara pasivamente y que sólo interpretara o devolviera al paciente lo que este decía o hacía. Además, sólo podía ofrecer un enfoque, no importaba cuan diferentes fueran las clases de gente o de problemas que recibía en consulta. Se consideraba que centrarse en un problema, fijar metas, intervenir deliberadamente en la vida de una persona o examinar los resultados de una terapia era «manipulativo». Este enfoque pasivo hizo que la profesión clínica perdiera muchas de las estrategias terapéuticas eficaces que se habían desarrollado antes de este siglo. La terapia estratégica no es un enfoque o teoría particular, sino varios tipos de terapia cuyo común denominador es que el terapeuta asume la responsabilidad de influir directamente en la gente, Al promediar este siglo comenzaron a proliferar una variedad de enfoques terapéuticos estratégicos. Se desarrollaron diversos tipos de terapia familiar, y también las terapias de condicionamiento, todas ellas basadas en la idea de que el terapeuta debe planear qué hacer. Durante un tiempo se discutió si era un error que el terapeuta buscara activamente un cambio, pero ahora parece claro que este enfoque es necesario para que la terapia resulte eficaz, y los desacuerdos versan sobre cómo implementarlo. Estos cambios en la terapia —que de pasiva se trocó en activa— contrastan con la continuidad que puede observarse en los procedimientos de los terapeutas que utilizan hipnosis. Forma parte de la naturaleza de esta última que el terapeuta inicie lo que ha de ocurrir. La influencia de la hipnosis sobre todas las formas de terapia no ha sido apreciada en su plenitud. Puede sostenerse que la mayoría de los enfoques terapéuticos tienen su origen en ese arte. Las terapias de condicionamiento, con sus diferentes denominaciones,
La mayoría de la gente, incluyendo a muchos profesionales con formación clínica, piensan que la hipnosis es una situación especial, diferente a otras situaciones de la vida. Quienes no se han formado en hipnosis piensan que se trata de un procedimiento en el que el hipnólogo dice «relájese» y el sujeto se empieza a «dormir», y entonces se le formulan sugestiones. O que se le pide al sujeto que mire una luz o un objeto y se le dice que sus párpados se pondrán pesados y comenzará a dormirse. La persona ingenua piensa que a menos que se siga este ritual, no hay hipnosis. Si se tiene la idea de que la hipnosis es un ritual estereotipado que incluye el dormir, resulta difícil ver qué relación puede tener con una forma de terapia en la que no se dicen tales palabras y en la que incluso el terapeuta puede estar entrevistando a todo un grupo familiar. Tal como se la utiliza aquí, la palabra «hipnosis» no alude a un ritual sino a un tipo de comunicación entre la gente. Milton Erickson ha explorado una variedad casi infinita de modos de inducir el trance hipnótico. Luego de examinar su trabajo y el de otros hipnólogos contemporáneos, resulta difícil enunciar claramente qué es una relación hipnótica y qué no lo es. Erickson puede utilizar una forma ritual de inducción del trance, pero también mantener una simple conversación, sin mencionar nunca la palabra «hipnosis». Puede hipnotizar a una persona mientras habla con otra; dar una conferencia e inducir un trance en una persona particular del auditorio, mediante el recurso de acentuar determinadas palabras; y, a menudo, ha trabajado con personas que sólo después comprenden que han sido hipnotizadas, o que incluso nunca llegan a darse cuenta de ello. A partir de estas exploraciones, Erickson ha redefinido el trance hipnótico como un concepto que se aplica a un tipo especial de intercambio entre dos personas, y no al estado de una de ellas. Una vez asimilado este punto de vista, es posible pensar sobre la hipnosis en términos más amplios, y ver que está presente en una amplia variedad de situaciones, particularmente en las intensas involucraciones terapéuticas[4]. Los prejuicios de un clínico respecto de la hipnosis pueden dificultarle la comprensión del empleo de habilidades hipnóticas. Es preciso tener en cuenta que la naturaleza de la hipnosis varía según el clima ideológico de la época. Cuando se pensaba en la terapia como en una experiencia religiosa, la hipnosis era un ritual místico. Al desarrollarse la teoría psicodinámica, la hipnosis pasó a ser considerada un fenómeno trasferencial. (También, como parte de la política terapéutica, fue descartada por los psicoanalistas, bajo el cargo de ser una terapia de apoyo o superficial, o bien se la distorsionó hasta dar origen a esa peculiar mutación llamada hipnoanálisis). Actualmente atravesamos un período de excesivo análisis científico en relación con la hipnosis. Se investiga mucho para demostrar que la hipnosis no existe, o más bien que nada puede lograrse en condiciones de trance que no sea alcanzable durante la vigilia. En una era científica la hipnosis se redefine como una situación bastante inespecífica. La mayor parte de esa investigación carece de importancia para los clínicos, ya que la hipnosis en el área de la investigación y la hipnosis en el área de la terapia constituyen dos órdenes diferentes de fenómenos. La hipnosis seguirá siendo utilizada como un modo de crear una relación de trabajo con gente conflictuada, aunque las investigaciones de laboratorio descubran que no existe nada a lo que pueda llamarse «hipnosis». Sí la hipnosis pudo sobrevivir a un período religioso, también sobrevivirá a un período científico. El próximo período, si las terapias por condicionamiento siguen desarrollándose y se popularizan más, la redefinirá probablemente como un fenómeno condicionado. Se aplicará la teoría del aprendizaje, y el
trance se explicará dentro de ese marco referencial. Este trabajo se centra especialmente en un aspecto de la hipnosis. Más que como una experiencia religiosa, una situación trasferencial o un proceso condicionado, la consideraremos un tipo especial de interacción entre las personas. Desde este punto de vista, la hipnosis es un proceso entre personas, una de las formas en que una persona se comunica con otra. El enfoque de Erickson permite ver este misterio dentro de un marco de referencia interpersonal. La importancia que, desde este punto de vista, asume la hipnosis para la terapia puede ilustrarse mediante una generalización de lo que tienen en común hipnólogos y terapeutas, más allá de los rituales específicos. Cuando la hipnosis se utiliza eficazmente, el enfoque es estratégico, y las estrategias son similares a las que pueden encontrarse en diferentes enfoques terapéuticos. Es posible establecer paralelos entre la hipnosis y la terapia, en términos de metas, procedimientos y técnicas específicas para el tratamiento de la resistencia. En el nivel más general, la meta de un hipnólogo consiste en modificar la conducta, la respuesta sensorial y la conciencia de otra persona. Una meta subsidiaria es expandir los alcances de su experiencia, proveerla de nuevas maneras de pensar, sentir y comportarse. Obviamente, estas son también las metas de la terapia. Tanto el hipnólogo cuanto el terapeuta buscan, a través de la relación con una persona, introducir en esta la variedad y expandir el alcance de sus capacidades. Al pasar revista a los diversos procedimientos hipnóticos, como así también a la amplia variedad de métodos de inducción que utiliza Erickson, encontramos un tema común, y una secuencia de pasos que siempre se siguen —a pesar de la diversidad de formas—. El hipnólogo dirige a otra persona para que cambie espontáneamente su conducta. Si una persona está siguiendo una directiva no puede responder espontáneamente; de manera que el enfoque hipnológico plantea una paradoja. El hipnólogo comunica simultáneamente dos niveles de mensaje: está diciendo «Haga lo que yo digo», y dentro del mismo contexto está diciendo «No haga lo que digo, compórtese espontáneamente». Para adaptarse a directivas tan opuestas, el sujeto tiene que pasar por un cambio y comportarse de una manera a la cual se llama conducta de trance. Las etapas de este procedimiento paradójico consisten en dos tipos de directivas: a) El hipnólogo indica al sujeto que haga algo voluntariamente , tal como mirar hacia un punto determinado, concentrarse en una mano, sentarse en determinada posición, pensar en una imagen, etc. b) Después, el hipnólogo indica al sujeto que responda con una conducta involuntaria , espontánea. Pide que una mano se mueva sin que la persona la mueva, pide una sensación de pesadez en los párpados, una relajación de los músculos, la visión de algo que no está presente, la interrupción o puesta en marcha de diferentes procesos fisiológicos, u otras respuestas que no están bajo control voluntario. A menudo se siguen los mismos pasos sin un ritual hipnótico formal. Puede pedírsele a una persona que se ponga cómoda y después que tenga una idea, que advierta una nueva sensación, que piense algo diferente o que experimente alguna otra cosa de naturaleza involuntaria. Cuando un médico dice a su
es la necesidad de motivar a la persona para que coopere plenamente en la observancia de las directivas, y para que se comprometa a encarar la resistencia cuando esta surja. Aunque la relación sea voluntaria, tanto la hipnosis como la terapia requieren persuasión —una actitud «vendedora»— al comienzo del proceso. El sujeto o paciente debe ser motivado a cooperar, por lo general, acentuando lo que puede ganar si coopera y lo que puede perder si no lo hace. Pero incluso cuando están motivados, sujetos y pacientes seguirán resistiendo los beneficios ofrecidos por el profesional. En la hipnosis existen dos tipos fundamentales de resistencia: el no ser suficientemente cooperativo, y el serlo en demasía. Cuando un sujeto no responde como debiera y, por lo tanto, se resiste, el hipnólogo dispone de procedimientos rutinarios para encarar el problema. Milton Erickson, más que cualquier otro hipnólogo, se ha centrado en el desarrollo de técnicas para persuadir a sujetos resistentes de modo que alcancen sus objetivos. Al tiempo que exploraba la resistencia a la hipnosis, Erickson fue desarrollando también nuevas vías para encarar terapéuticamente los problemas humanos. La manera en que se aproxima a la gente con problemas cuando no está utilizando formalmente la hipnosis es en esencia la misma en que enfoca la resistencia a la hipnosis. Una vez captada esta similitud, muchas de las técnicas terapéuticas de Erickson pueden inferirse lógicamente. Cuando una persona tiene un síntoma está indicando, por definición, que no puede ayudarse a sí misma. Su conducta es involuntaria. El fóbico, el compulsivo, el alcohólico, la familia perturbada, proceden de una manera que acarrea sufrimiento y, al mismo tiempo, claman que no pueden evitar comportarse como lo hacen. De igual modo, en más de una oportunidad el sujeto que se presta voluntariamente a la hipnosis no seguirá una directiva. No se niega a obedecer, simplemente indica que no puede hacerlo. O bien responderá en dirección opuesta, indicando al mismo tiempo que no es él el responsable de que ello ocurra. Por ejemplo, si se pide a un sujeto que coloque su mano sobre el brazo de un sillón, y luego se le dice que la mano se irá haciendo más liviana y se elevará, el sujeto puede no dejar que la mano se levante, o bien decir: «Se está poniendo más pesada». El arte de la hipnosis consiste en encarar este tipo de resistencia y producir un cambio, y también el arte de la terapia consiste en la solución eficaz de este tipo de problema. Aliento de la resistencia Si se pide a un sujeto que su mano se haga más liviana y él afirma: «Mi mano se está poniendo más pesada», el hipnólogo no dice: «¡Déjese de pavadas!». Por el contrario, acepta la respuesta e incluso la alienta, diciendo: «Muy bien, su mano puede ponerse más pesada todavía». Este enfoque aceptador es típico de la hipnosis, y es fundamental en la técnica que utiliza Erickson para resolver los problemas humanos, con o sin empleo de la hipnosis. ¿Qué ocurre cuando uno «acepta» la resistencia de un sujeto e incluso la alienta? El sujeto queda atrapado en una situación donde su intento de resistir es definido como una conducta cooperativa. Una vez que está cooperando, se lo puede desviar hacia una nueva conducta. Erickson propone la analogía de una persona que quiere cambiar el curso de un lío. Si se opone al río tratando de bloquear su curso, lo único que conseguirá será que el río
pase por encima del obstáculo o lo rodee. Pero si acepta la fuerza del río y la deriva en una nueva dirección, esa misma fuerza abrirá un nuevo canal. Por ejemplo, si una persona busca ayuda por sus dolores de cabeza y estos no tienen una causa física, Erickson «aceptará» el dolor de cabeza tal como aceptaría la resistencia hipnótica. Se centrará en la necesidad del dolor de cabeza, pero su duración, su frecuencia o su intensidad pueden variar hasta el punto de que el dolor desaparezca. La terapia matrimonial y familiar de Erickson suministra muchos ejemplos en los que las intervenciones terapéuticas pueden referirse a un origen hipnológico y, particularmente, al aliento de la resistencia. Por regla general, cuando Erickson trabaja con una pareja o una familia utiliza un enfoque secuencial: les pide que hagan algo deliberadamente —en general algo que ya están haciendo— y después solicita un cambio espontáneo, o bien este cambio ocurre como consecuencia de haber alentado la conducta habitual. En muy pocas oportunidades dice a una pareja que dejen de hacer lo que están haciendo. Dentro de esté enfoque «aceptador», si un matrimonio pelea continuamente y se resiste a los buenos consejos, es probable que Erickson les prescriba una pelea, pero él cambiará el lugar, el momento o algún otro aspecto. La respuesta es un cambio «espontáneo» en la conducta. Ofrecimiento de una alternativa peor Un terapeuta prefiere que su paciente inicie por sí mismo una nueva conducta y elija su propia dirección en la vida. Pero, al mismo tiempo, quiere que el paciente cambie dentro de un marco referencial que él —el terapeuta— considera importante. Un problema común a la terapia y a la hipnosis es cómo lograr que el paciente o el sujeto sigan directivas y, asimismo, alcancen autonomía para tomar sus propias decisiones y establecer sus propios caminos. Es típico de Erickson encarar este problema mediante el procedimiento de dirigir al paciente en un sentido, pero haciéndolo de tal manera que en realidad lo incita a ir en otro. Si quiere que un sujeto hipnótico responda de cierto modo, puede pedir una respuesta que al sujeto no le interesa dar, y entonces el sujeto elegirá una alternativa en la que participará plenamente. Por ejemplo, si Erickson quiere que el sujeto responda con amnesia, puede pedirle que olvide algo que preferiría recordar. Como alternativa, el sujeto olvidará en forma más completa y plena otro ítem, porque él lo ha elegido. Analizando lo antedicho, sostiene Erickson: «Con esta clase de directiva, usted establece un tipo de cosas que ha de hacer el paciente, por ejemplo, el tipo de la “ejercitación”. Luego ofrece un ítem de ese tipo, algo que al paciente no le resulte nada divertido hacer. Lo que usted quiere es que él encuentre “espontáneamente” otro ítem del tipo indicado. Esto constituye una manera de motivarlo a que descubra cosas que puede hacer y que son buenas para él, cosas con las que le es posible disfrutar y en las cuales puede tener éxito». Si bien tanto el terapeuta como el hipnólogo están animados por motivaciones bondadosas, a menudo se hallan dispuestos a ponerse duros con una persona que no
Un ejemplo típico: Si Erickson atiende a un matrimonio que presenta un conflicto respecto de sus relaciones sexuales y que no está dispuesto a discutirlo directamente, enfocará el problema en forma metafórica. Elegirá algún aspecto de sus vidas que guarde analogía con las relaciones sexuales y lo modificará, como una manera de modificar la conducta sexual. Puede hablarles, por ejemplo, de cuando comen juntos, y explorar sus preferencias. Analizará con ellos el hecho de que la mujer prefiere un aperitivo antes de la comida, mientras que el marido prefiere zambullirse directamente en la carne y las papas. O quizá la mujer prefiera una comida tranquila y despaciosa, y en cambio su marido —rápido y directo— sólo quiere terminar lo antes posible. Si la pareja empieza a conectar lo que está, diciendo con las relaciones sexuales, Erickson los arrastrará a otro tema, y luego regresará a la analogía. Puede terminar la conversación con la directiva de que la pareja organice una comida placentera, que satisfaga a ambos, para una noche particular. Cuando este enfoque tiene éxito, la pareja pasa de una comida más agradable a una sexualidad más agradable, sin darse cuenta de que Erickson ha establecido deliberadamente esta meta. La disposición de Erickson a trabajar con la metáfora no se limita al intercambio verbal sino que se aplica también a las personas que viven una existencia metafórica. Este estilo de vida es típico de los esquizofrénicos, y Erickson supone que en el caso de estos la metáfora es el mensaje importante. Cuando trabajaba en el Worcester State Hospital, por ejemplo, había un paciente joven que decía Ser Jesús. Se paseaba como si fuera el Mesías, iba envuelto en una sábana y trataba de imponer el cristianismo. Erickson se le acercó en los jardines del hospital y le dijo: «Tengo entendido que sabe usted de carpintería». El paciente no pudo contestar sino afirmativamente. Erickson lo incluyó en un proyecto especial para la construcción de una estantería y así lo derivó hacia un trabajo productivo. En el mismo hospital, Erickson se ocupó de un competente industrial que había perdido su fortuna y enfermado de depresión. Se pasaba el tiempo llorando y moviendo repetitivamente sus manos hacia adelante y hacia atrás, frente a su pecho. «Es usted un hombre que ha tenido sus alzas y sus bajas», le dijo Erickson, y le pidió que en lugar de mover sus manos hacia atrás y hacia adelante lo hiciera hacia arriba y hacia abajo. Luego lo llevó a la terapeuta ocupacional y pidió ayuda. Señalando el nuevo movimiento que estaba haciendo el hombre, dijo: «Póngale un papel de lijar en cada mano y asegure una tabla sin cepillar, parada entre ambas manos. Así podrá lijar y pulir la madera». El hombre empezó a hacer algo productivo y dejó de llorar. Luego comenzó a trabajar la madera, a tallar piezas de ajedrez y a venderlas. Mejoró tanto que volvió a su casa para una visita de prueba, y al año de haber sido dado de alta ganó 10 000 dólares en el negocio de bienes raíces. Lo que distingue con más precisión a Erickson de otros terapeutas es que, si bien se comunica metafóricamente con los pacientes, no les «interpreta» el significado de sus metáforas. No traduce la comunicación «inconciente» a términos concientes. Ante cualquier expresión metafórica del paciente, Erickson responde de la misma manera. Trabaja en el terreno de la metáfora mediante parábolas, acciones interpersonales y directivas, para generar cambios. Su opinión parece ser que la profundidad y la suavidad del cambio pueden verse perjudicadas si la persona es expuesta a una traducción de lo comunicado.
El evitar la interpretación no alcanza solamente a los enunciados verbales de los pacientes, sino también a sus movimientos corporales. Erickson es famoso por su aguda observación de la conducta no verbal, pero la información que recibe conserva su carácter no verbal. Por ejemplo, una paciente dijo una vez a su terapeuta: «Me agrada mi marido», y mientras hablaba se colocó la mano sobre la boca. El terapeuta le interpretó que debía tener algunas reservas acerca de lo que decía, ya que se cubría la boca. La estaba ayudando a darse cuenta de su gesto «inconciente». Erickson nunca formularía tal comentario, sino que aceptaría el gesto de la mujer como un modo de comunicación perfectamente válido. Traducir ese mensaje a una forma diferente sería una acción perturbadora y descortés. Lo que es peor, sería simplificar en exceso un enunciado extraordinariamente complejo. Es típico de las interpretaciones de la comunicación inconciente —propias de las técnicas de insight — el ser absurdamente reduccionistas, como lo sería el intento de resumir una obra de Shakespeare en una sola frase. Erickson no sólo utiliza la metáfora en sus maniobras terapéuticas, sino incluso como una manera de recoger información. Un día hablaba en presencia de un visitante con un paciente que había acudido a él por un dolor en un miembro fantasma. El paciente, de setenta y un años, se había caído de un techo, lastimándose tan seriamente el brazo que debieron amputárselo. Durante meses había padecido dolores en el miembro amputado y se le habían practicado varias clases de tratamiento sin que hallara alivio alguno. Por último, viajó a Phoenix para que Erickson lo atendiera. Durante la conversación, en la que el hombre aludía a su recuperación, mencionó a dos hermanos. Más tarde, hablando con el visitante, Erickson comentó que hasta entonces sólo había sabido de un hermano. Quizás el hombre tuviera otros parientes que no había mencionado. Erickson subrayó también que el hombre había usado una frase vaga, que indicaba el hecho de haberse casado más de una vez. El visitante inquirió por qué Erickson no había interrogado al hombre acerca de sus parientes. Erickson replicó: «Ese hombre se ha ganado la vida durante veintisiete años colocando pisos. La mayoría de los que se dedican a ese trabajo no llegan a aguantar quince años haciéndolo, pero él aguantó casi el doble de eso. Si yo realmente quisiera descubrir algo más de su entorno familiar, quizás empezaría hablando de cómo es conducir en el desierto. Describiría el viaje por la carretera y el rodeo en torno de alguna elevación del terreno. Súbitamente, en medio de ese rodeo, vería un solitario palo de hierro, con una de sus ramas rotas, debido probablemente al azote del viento en ese elevado lugar. Usaría la imagen del “palo de hierro” debido a la historia laboral de ese hombre. Un palo de hierro con una rama rota. Tal vez debido al azote del viento en ese elevado lugar. Luego hablaría de los arbustos que rodean al árbol. Me informaría sobre sus parientes, porque un árbol nunca está solo. “Si yo fuera la última hoja del árbol”». Intrigado por esta manera de recoger información, el visitante inquirió por qué Erickson no se limitaría a preguntar por los parientes del hombre. «Porque si yo le pregunto a usted por su hermana, su hermano, sus padres, usted los coloca en un marco social adecuado a su educación. Si en cambio pregunto de esta manera indirecta, la información que obtengo es diferente. Ahí está esa rama rota, en ese solitario palo de hierro». Erickson parecía disfrutar de la imagen, quizá porque él mismo —que libró una hercúlea lucha con sus propias dificultades físicas— se parece bastante a un palo de hierro en el desierto. «Si yo menciono que estoy buscando arbustos pequeños y arbustos más altos», continuó Erickson, «el hombre hablará de nietos y de parientes más altos que los nietos».